El valor de la realidad: inspirado en un comunista y su bicicleta.

Tiempo de lectura: 2 minutos
Dicen que a un aspirante a ser directivo del Partido Comunista le hicieron este examen:
¿Si usted fuera dueño de una finca la entregaría a los trabajadores? ¡Si claro!, contestó el aspirante.
Y si usted poseyera un carro, ¿lo entregaría al Partido para el uso de todos los camaradas? ¡Por supuesto!, siguió respondiendo.
Y, si tuviera una bicicleta, ¿la daría al Partido? No, -reconoció el interesado- la bicicleta no porque la bicicleta si la tengo.
Al oír la historia, primero, me reí y luego me hizo pensar. ¡Qué diferencia cuando los planteamientos dejan de ser teóricos y nos afectan en lo concreto! Me pregunto, ¿Por qué?, porque solo en lo concreto puede captarse el auténtico valor de las cosas y situaciones de nuestra vida.
La definición de un beso, quizá alimenta la curiosidad pero poco más; la enfermedad explicada en un libro, acaso despierta alguna vocación de médico. Pero, el beso de una madre nos explica que significa sentirse querido, y la enfermedad de un hijo qué significa sufrir.  En la realidad, en lo concreto es donde somos capaces de captar, si se me permite la expresión,  la vitalidad de la vida, su fuerza interna, aquello que la hace atractiva.
Pienso que esto fue lo que quizo decirnos John Lennon con su conocida frase “la vida es aquello que te pasa mientras estas ocupado haciendo otros planes”. Quizá ese gran artista, se caería de espanto al ver las horas infinitas que estamos frente a las pantallas, mientras nuestro mundo pasa, y con él tanta belleza. No permitamos que esto suceda. Salgamos al encuentro de ese mundo nuestro, y descubramos la infinita riqueza que encierra en cada detalle, en cada mirada,  en cada conversación…  Esta experiencia es para mí una definición del verbo vivir.

Dialogar o Discutir

Tiempo de lectura: 2 minutos
Related image


En el mundo de hoy se habla mucho de diálogo. No solo entre grandes actores políticos sino a todos los niveles. Profesores, conferenciantes y empresarios resaltan la necesidad del diálogo como motor para resolver los conflictos. Sin embargo, mi impresión es que se dialoga poco y se discute mucho. ¿Cuál es la diferencia?

Para que haya diálogo un punto de partida es la humildad de quienes dialogan.  Cuando existe esta virtud, las partes llegan a la conversación con la disposición de conocer y buscar la verdad. Se intenta – con sinceridad- comprender todos los puntos de vista y ponerlos en juego. Quien discute, por el contario, suele llegar con algunas ideas preconcebidas que intentar imponer a los demás. En realidad, no quiere hablar, quiere que le escuchen.

Cuando hay diálogo, se distingue entre los argumentos y la persona que los expone. Una vez un buen amigo me dijo: “yo no tengo que respetar tus argumentos, yo te respeto a ti, pero si tu argumento me parece inválido, te lo diré”. Pienso que tiene razón. Una persona susceptible, que en todo disenso ve una ataque personal jamás podrá dialogar. Distinguir entre la persona y sus argumentos es difícil pero indispensable para una conversación fructífera.

Pienso que si el diálogo, a todo nivel, tiene las características mencionadas, será un vehículo útil para la transformación social. De lo contrario, nos desgataremos discutiendo.

Simplemente por la admiración que me genera, y porque prueba que un diálogo inteligente es posible, les refiero un ejemplos admirable. Hablo de la relación de Chesterton y Shaw. Dos pensadores del Siglo XX que se hicieron famosos, entre otras cosas, por la fogosidad con la que debatían uno contra otro.   El primero era católico, valoraba la economía de mercado y era amante de la buena comida, la  cerveza y los habanos. Bernard Shaw por su parte, era ateo, socialista, vegetariano y abstemio.  Más contarios imposible y sin embargo, los unió una relación muy cordial. Después del funeral de Chesterton, Shaw escribió un artículo alabando las virtudes del que consideraba un amigo.